Una pieza que trasciende su función contenedora para convertirse en un tótem narrativo. Este jarrón de cerámica de gres, con su tono beige natural y acabado vidriado, se erige como un soporte para una simbología ancestral pintada a mano en un negro profundo y visceral.
Más que un simple florero, es una columna de historias: la silueta de un caballo negro en pleno galope evoca la libertad y el espíritu indomable, flanqueada por una estrella de puntas agudas que sugiere guía y cosmos. Las formas romboidales en la base aportan una estructura terrenal, mientras que las lágrimas o gotas superiores parecen destilar la esencia de la vida y el ciclo del agua, todo ejecutado con trazos negros audaces y directos.
Un objeto que no solo decora un rincón, sino que ancla una presencia simbólica y telúrica en el espacio que habita.
*Artefacto personalizado: Contactamos al artista para recrear esta pieza a tu gusto.